El Corsario Negro
El Corsario Negro Ya sabían todos que los españoles, prevenidos de la cercanía de sus implacables enemigos, los esperaban, y que el viejo comandante de la ciudadela había preparado emboscadas para diezmarlos antes que intentaran el asalto de los fuertes.
Algunos disparos de fusil sobre los primeros pelotones advirtieron a las columnas de asalto que ya no estaba lejos la ciudad.
El Olonés, el Corsario Negro y el Vasco, creyendo que se trataba de una emboscada, se apresuraron a alcanzar a los exploradores llevando consigo unos cien hombres; pero pronto supieron que no era un verdadero ataque de los españoles, sino un simple cambio de disparos entre las avanzadas.
Viendo el Olonés que ya los habían descubierto, mandó que se detuvieran las columnas hasta que se hiciera de día, pues quería ante todo ver los medios de defensa de que disponían los adversarios y la clase de terreno, porque notaba que este iba haciéndose pantanoso.
A la derecha erguíase una colina cubierta de maleza, y se apresuró a subirla acompañado del Corsario Negro, seguro de que desde allí podría dominar una buena parte de la campiña.
Cuando llegaron a la cumbre comenzaba a clarear.