El Corsario Negro
El Corsario Negro —Si fuera posible costearlo y echar por la llanura… ¡Pero qué!… ¡Si la llanura está inundada! ¡Mira con qué rapidez avanza el agua!
—¡Tenemos que habérnoslas con un comandante que conoce todos los recursos de la guerra, Pedro!
—¡Ya lo veo!
—¿Qué piensas hacer?
—Tentar la suerte, caballero. En Gibraltar existen mayores tesoros que en Maracaibo, y podremos realizar una gran ganancia. ¿Qué se dirÃa de nosotros si retrocediéramos? ¡Se perderÃa la confianza en el Olonés, en el Corsario Negro y en Miguel el Vasco!
—Es verdad, Pedro; y nuestra fama de corsarios audaces e invencibles se eclipsarÃa. ¡Además, piensa que dentro de esos fuertes está mi mortal enemigo!
—SÃ; y yo quiero hacerle prisionero. La dirección de la mayor parte de los filibusteros os la confÃo a ti y al Vasco que os encargaréis de hacerlos atravesar las marismas para forzar el camino de la montaña; yo rodearé la margen extrema, y marchando al amparo de los árboles, procuraré llegar sin ser visto debajo de los muros del primer fuerte.
—¿Y las escalas, Pedro?