El Corsario Negro
El Corsario Negro —Estamos esperando el momento oportuno antes de exponernos.
—¡Guiadme a donde esté!
De la banda se destacaron dos filibusteros, que le llevaron por entre las malezas hasta donde estaba el Olonés con otros segundos jefes.
—¡Por las arenas del Olona! —exclamó con alegrÃa el filibustero—. ¡Aquà está un refuerzo que me llega a tiempo!
—¡Refuerzo bien pobre, Pedro! —contestó el Corsario—. ¡Te traigo doce hombres tan sólo!
—¡Doce! ¿Y los demás? —preguntó palideciendo el filibustero.
—Han sido rechazados hacia la laguna, después de haber experimentado gravÃsimas pérdidas.
—¡Mil rayos! ¡Y yo que contaba con ellos!
—Quizás hayan vuelto a intentar el asalto de la segunda baterÃa, o encontrado otro camino. Hace poco oà retumbar el cañón en la llanura.
—¡No importa! ¡Entretanto daremos comienzo al asalto del fuerte más grande!
—¿Y cómo vamos a escalarle? ¡No tenemos escalas!
—¿De qué modo? Simulando una huida precipitada. Ya están prevenidos mis corsarios.
—¡Entonces, ataquemos!