El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Está bien, patrón!
—Nosotros haremos lo posible por desembarazarnos de nuestros enemigos; pero si al fin nos vencen, ya sabe Morgan lo que tiene que hacer. ¡Anda: lleva a bordo el cadáver, y después vienes a ver si todavÃa estamos vivos o sà hemos muerto!
—¡No me decido a dejarles, patrón; yo soy vigoroso y puedo serles útil!
—¡Me interesa mucho que sepulten en el mar a mi hermano! ¡Y, además, tú puedes prestar más útiles servicios a bordo de El Rayo que aquÃ!
—¡Volveré con refuerzos, señor!
—¡Estoy seguro de que vendrá Morgan! ¡Vete; ahà está la patrulla!
El negro no se hizo repetir la orden; pero como el camino estaba tomado por ambas patrullas, se ocultó en un callejón que cerraba la tapia de un jardÃn.
Asà que el Corsario le vio desaparecer, se volvió hacia el filibustero, diciendo:
—¡Preparémonos para caer sobre la patrulla que está ahÃ! ¡Si logramos abrirnos paso con un ataque de improviso, quizá podamos llegar al campo, y enseguida, al bosque!