El falso brahman
El falso brahman —¡Bien está! Pero mira: a estos de la India es menester darles grandes cargos y tÃtulos rimbombantes. ¡Mariscales de Assam[1]!… ¡Por Júpiter! Razón tienen para mostrarse soberbios, aunque estoy bien persuadido de que ninguno de esos poltrones que saquean las arcas del Estado se habrÃa atrevido a tomar parte en esta cacerÃa. ¿Conque decÃas, mi bravo Kammamuri?…
—Que los búfalos se acercan.
—Tienes el oÃdo muy fino.
—Señor, soy de la India y nacà cazador.
—Es verdad; mientras que yo soy europeo, hijo de la alegre Portugal y que no tiene…
—Alto ahÃ, señor. Vos habéis matado más tigres que yo.
—No lo recuerdo —respondió riendo el que se hacÃa llamar señor Yáñez—. ¿Conque vienen los búfalos?
—Estoy segurÃsimo.
—¿Y son muchos?
—Bien sabéis, señor Yáñez, que estas fieras, casi tan fuertes como los rinocerontes, van siempre formando grandes manadas.
—Es verdad.
—Nuestro carro es muy pesado, señor Yáñez, y espero que no podrán romperlo o derrocarlo.
