El falso brahman
El falso brahman —Y yo espero que serán ellos los que se rompan los cuernos contra el carro —respondió el señor Yáñez—. Pero siento inquietud por nuestro elefante, al cual no ha llevado bastante lejos el cornac[2], deseoso de asistir él también a la cacerÃa. ¡Qué bribones son todos esos hindúes!
—¿También yo, alteza?
—¡Por todos los rayos de Júpiter, cállate, Kammamuri! ¿Quieres hacerme montar en cólera, ahora que necesito tener sangre y nervios tranquilos?
—He terminado, alteza.
—Que un thug[3] te estrangule, bribón; sin duda quieres hacerme rabiar.
—Nada de eso, señor Yáñez.
—Ahora estamos aquà y no protesto. ¡Ah, te decÃa que siento alguna inquietud por Sahur! Si los búfalos le descubren, le despanzurrarán, sin que los detengan los golpes de su trompa.
—Sahur es un coomareah[4] y no un merghee[5], señor Yáñez. Es macizo como un escollo y fuerte como cien cuteras.
