El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Un capitán de alabarderos, el mismo que poco antes habÃa murmurado más que el resto de los invitados, un hombre arrogante que representaba cuarenta años, casi tan alto como un granadero, con bigotes inmensos caÃdos a estilo chinesco, se hallaba muy cerca, cual si tratase de sorprender sus palabras.
Ante la interrupción repentina del joven capitán, giró rápidamente sobre los talones, golpeando lleno de impaciencia con la siniestra la empuñadura de su larga espada y abordó a una señora que en aquel momento atravesaba la sala.
—¿Quién es ese caballero? —preguntó el conde, frunciendo el entrecejo.
—El conde de Santiago, capitán de alabarderos del regimiento de Granada —respondió la marquesa del Montelimar sonriendo—. ¿Os interesa?
—Absolutamente nada, señora. Se me antoja que nos seguÃa para escuchar lo que hablábamos.
—Es un pretendiente a mi mano.
A una dama tan bella no deben faltarle adoradores —repuso el conde—. ApostarÃa cualquier cosa a que el diablo mismo perderÃa la cabeza en presencia vuestra.
—¡Oh, conde!… —exclamó la marquesa, golpeándole en una mano con su soberbio abanico de varillaje de oro.
—¿Os ama?