El hijo del Corsario Rojo

El hijo del Corsario Rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Si nos descubren, nos prenden —murmuró Mendoza—. ¡Qué paseo nocturno tan agradable! Era mucho mejor que nos hubiésemos quedado en Santo Domingo.

—Silencio, eterno charlatán —susurró el conde—. Ya sabes que las cincuentenas desean más que escapar sin contratiempo. No te muevas y verás cómo nadie viene a buscarnos tras este árbol.

—Bien dicho, señor conde —interrumpió el gascón—. En último caso bastaría disparar un pistoletazo para hacer que huyesen esos pobres diablos. Desde que los gobernadores han tenido la mala idea de privarlos de armas de fuego, no se sienten muy animados ni con ganas de librar batallas.

—Acaso traigan perros —dijo Mendoza.

—Eso es lo que temo —contestó el gascón—. Pero vos tenéis cuatros pistolas. Dadme una y los veréis escapar como liebres, a pesar de que no les falta valor, os lo aseguro. El español ha sido siempre buen soldado, y yo mismo, aun llevando espada al cinto, si me encontrase con un bucanero armado de arcabuz, le volvería la espalda, y eso que soy gascón.

—¡Buena gasconada! —dijo Mendoza con ironía.

—Ya me veréis mover las manos, camarada —contestó el militar un poco amostazado—. Silencio, se acercan…

Un grueso pelotón de soldados había aparecido entre los cañaverales y avanzaba bajo la selva.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker