El hijo del Corsario Rojo

El hijo del Corsario Rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Era, en efecto, una de aquellas famosas cincuentenas, armada exclusivamente con espadas y alabardas.

Componíase de soldados cubiertos con casco y coraza, defensas insuficientes contra las gruesas balas de los bucaneros.

Como Mendoza había sospechado, iba la tropa precedida por un dogo de Cuba, perro ferocísimo, muy gordo y muy robusto, de un valor a toda prueba, y que los españoles empleaban especialmente contra los indios, los cuales sentían un miedo terrible hacia esta raza de animales.

El perro, cuando llegó junto al enorme algodonero, se detuvo, venteando ruidosamente; la cincuentena, mandada por un oficial, formó en seguida en línea de cuatro en fondo, con las alabardas bajas.

—Camarada —susurró Barrejo dirigiéndose a Mendoza—. Ocupaos del chucho y cuidado con errar el tiro porque os saltará a la garganta.

—Me ocuparé de eso rápidamente —respondió el filibustero.

—En la cincuentena pensaremos el señor conde y yo.

Los tres amartillaron las pistolas y permanecieron unidos, dispuestos a desenvainar las espadas.

El dogo cubano seguía venteando, vuelta la cabezota hacia el algodonero y gruñendo sordamente. De seguro olfateaba a los enemigos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker