El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo EL BUCANERO
Secar y ahumar, bajo sencillas cabañas formadas de hojas mal entrelazadas, las pieles y las carnes de los animales muertos en la caza, designábase por los indios de las grandes islas del Golfo de México con el vocablo «bucán», de donde viene el nombre de bucanero.
Estos formidables cazadores, que más tarde habían de dar tanta gente a los filibusteros de la isla Tortuga y tantos disgustos a los españoles, se habían establecido principalmente en la isla de Santo Domingo, por ser la más rica en animales salvajes.
En su mayoría eran aventureros franceses, ingleses y flamencos, alejados de su patria por la miseria o por los delitos cometidos.
Una camisa de tela gruesa, siempre manchada de sangre, calzoncillos de la misma tela, muy sucios, cinturón de piel sin curtir, del cual pendía un sable corto, un par de cuchillos y dos bolsas para pólvora y balas, un sombrero informe y zapatos de piel de jabalí, constituían la indumentaria de los bucaneros.
Su gran ambición consistía en poseer un buen arcabuz que lanzase proyectiles del peso de una onza y una traílla de veinticinco o treinta perros «blood-hound», destinados a la caza de toros salvajes; entonces, como ya se ha dicho, abundantísimos en Santo Domingo.