El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Luego, golpeando el cañón del arcabuz, añadÃan con voz amenazadora:
—¡He aquà quien me vengará si no me obedeces!…
Los bucaneros partÃan ordinariamente para la caza al rayar el dÃa, precedidos de los perros y seguidos de su criado.
Un mastÃn marchaba ante la jaurÃa, y descubierto el toro o el jabalÃ, daba la señal a los demás que corriendo y ladrando rodeaban a la vÃctima, hasta que llegaba el amo.
El tiro casi nunca fallaba, y lo primero que hacÃa el cazador si lograba derribar a la pieza, era cortarle los jarretes.
Si la herida era ligera y la bestia, enfurecida, atacaba, el bucanero, agilÃsimo, sabÃa ponerse a salvo trepando a un árbol. Desde allà acababa fácilmente a tiros con el animal, que no tenÃa ya tiempo de escapar.
En seguida el bucanero y su criado lo desollaban, partÃan uno de los huesos mayores y chupaban el tuétano, caliente aún; este era su desayuno habitual.
Mientras el novicio se encargaba de cortar los pedazos mejores y de transportarlos a la choza, el bucanero seguÃa la cacerÃa, auxiliado por los perros, y no descansaba hasta que la noche caÃa.