El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Lo dejamos a las serpientes y a los buitres, señor. Lo que nos importa son las pieles, que se venden ventajosamente en Puerto Bayaba a los ingleses o a los franceses que llegan en buen número dos veces al año.
—¿No os molestan los españoles?
—¡Ay de ellos si se atrevieran! Somos astutos, y además estamos protegidos por los filibusteros de la Tortuga, nuestros fieles aliados.
—¿Tenéis amigos en la isla Tortuga?
—Muchos, señor conde.
—¿Hace mucho tiempo que no habéis estado all�
—Cerca de tres meses.
—¿Siguen aún en la isla Grogner y Davis? Tengo cartas de recomendación para ellos y también para Tusley. Son los filibusteros más célebres en la actualidad, ¿no es cierto?
—SÃ, señor conde; pero tendréis que correr un poco antes de entregárselas.
—¿Por qué?
—Porque en este momento operan en el continente, o mejor dicho, en el istmo de Panamá, hacia el PacÃfico. Las últimas noticias, traÃdas por un grupo de filibusteros, eran que habÃan llegado a la isla de San Juan. Según parece se han establecido allà para dar caza a los galeones que de vez en cuando salen del Perú para Panamá.