El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —¡ParÃs maldito! ¡Sirena infame que me has envuelto en tus espiras! ¡Más valiera no haberte visto! Tus miles y miles de seducciones me han convertido en un bucanero, en un salteador de las selvas de Santo Domingo… ¡Maldito juego! ¡Tú has sido mi ruina!
—Pero ¿quién sois? —preguntó el conde, profundamente conmovido por el inmenso dolor que revelaba el rostro del bucanero.
—Ya lo veis —contestó Botafuego, riendo nerviosamente—. Un cazador de toros… un miserable aventurero. Desde que atravesé la lÃnea ecuatorial, no tengo patria, no tengo familia, no tengo nobleza, no tengo más que mi arcabuz que todos los dÃas mata para no matar mi corazón…
Por cuarta vez vació la copa que el siervo le habÃa llenado.