El hijo del Corsario Rojo

El hijo del Corsario Rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El conde, que conservaba su admirable sangre fría, metió la espada entre las abiertas mandíbulas del primer dogo y la hundió hasta el pomo, mientras Mendoza y el gascón atacaban resueltamente al segundo y lo atravesaban de parte a parte.

Dos aullidos penetrantes advirtieron a Botafuego que los dos peligrosísimos adversarios habían dejado de existir.

—Al agua todos —dijo—, y procurad seguirme atentamente, porque a derecha y a izquierda hay arenas movedizas y el que caiga no vuelve a salir. Si los españoles nos siguen disparad uno a uno. Yo me ocuparé de los caimanes.

Todos penetraron en la fangosa agua del pantano, sumergiéndose hasta la cintura, sin preocuparse de los alabarderos, que avanzaban por la lengua de tierra con la esperanza de verlos desaparecer entre las arenas traidoras.

Botafuego tanteaba el fondo con la caña y procuraba apresurar el paso, aunque tropezase a cada momento con las plantas acuáticas, no menos pérfidas que las arenas.

Advertidos del peligro, el conde y sus compañeros marchaban tras él, guardándose bien de desviarse a un lado o a otro, por miedo a desaparecer.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker