El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Entonces, ¿queréis también vengar la muerte de vuestro padre? —preguntó la marquesa, que le escuchaba con vivÃsimo interés.
—Acerca de esto, marquesa, no puedo hablar por el momento —contestó el conde, casi con ira.
—Lo leo en vuestros ojos.
—Es posible.
—¿Y dónde vais a buscar a vuestra hermana? —preguntó Botafuego, que hasta entonces habÃa permanecido silencioso.
—El marqués de Montelimar me lo dirá —respondió el conde—. Ahora sé ya dónde se encuentra él; además, confÃo en que dentro de algunos dÃas tendré entre mis manos a su secretario. Si no fuese por esto, no me aguardarÃa mi fragata en el cabo Tiburón, expuesta a ser capturada por las carabelas o por los galeones españoles. ¿Qué opináis, Botafuego?
El bucanero aprobó con un movimiento de cabeza.
—¿Estáis satisfecha, marquesa? —preguntó el conde.
—En parte nada más —repuso la bella viuda—. No creo que solo por buscar a vuestra hermana hayáis dejado la Italia para venir a estos mares lejanos.