El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —¿Llegarán hasta aqu�
—No sé tampoco qué contestar a vuestra pregunta, señor conde.
—Si vienen, nos defenderemos —afirmó Mendoza—. En este lugar nos hallamos lo mismo que en una trinchera.
—Pero sin salida —añadió el gascón—. Estamos como lobos encerrados en la madriguera, con los cazadores alrededor.
—En tanto que los cazadores se presentan o se retiran me parece oportuna una cosa.
—¿Cuál?
—Terminar la cena, ya que ese negro previsor ha tenido la buena idea de llenar este cesto; luego sangraremos un tonel. Siento curiosidad grandÃsima por saber qué vinos agradan a la marquesa y cuáles ofrece a sus huéspedes. ¿Qué os parece, amigo Barrejo?
—Un gascón no rehúsa nunca batirse ni beber —respondió el aventurero tranquilamente.
—Señor conde —preguntó Botafuego, sin poder sofocar una carcajada—. ¿Dónde habéis encontrado a estos dos diablos?
—A uno lo he pescado en el mar de Vizcaya —contestó el señor de Ventimiglia.