El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Parece que no tiran con azucarillos —dijo el gascón, inclinándose hacia el cabo y desenvainando con gesto trágico su famosa espada—. Que se lancen al abordaje y ya les demostraré cómo se baten los hijos de la Gascuña.
—¡Que el diablo os lleve! —exclamó el corsario.
—¿A dónde? Si él mismo no lo sabe.
—Entonces, que os lleve al paraÃso —dijo Mendoza.
—Allà no habrá Alicante de la marquesa de Montelimar…
La voz metálica del hijo del Corsario Rojo sofocó sus últimas palabras:
—¡Fuego! ¡Doblemos el cabo! ¡Ametrallad las chalupas! ¡Fuego!…
Cinco barcazas, tripuladas cada una por veinticinco hombres entre remeros y arcabuceros, avanzaban con furia extendiéndose en abanico para recoger en medio a la fragata y abordarla por los dos lados.
Los arcabuceros iniciaron un fuego vivÃsimo, apuntando al puente.