El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Ante todo con el de encontraros —contestó el conde, tomando asiento frente al secretario.
—¿Sois, pues, un hombre notable?
—Ahora lo sabréis. Por teneros entre mis manos, he puesto en peligro mi fragata, mi vida y la de mis valientes subordinados. ¿Sabéis quién soy?
—El hijo del Corsario Rojo…
—¿Habéis conocido a mi padre?
El secretario del marqués de Montelimar se puso lÃvido, pero no respondió.
—Caballero —observó el conde con acento áspero—, no olvidéis que os halláis completamente a merced mÃa y que si soy noble, llevo también en las venas sangre de los formidables corsarios que devastaron las colonias españolas del golfo mexicano. Responded a mi pregunta.
—Pues bien, sà lo he conocido —contestó el señor de Robles.
—¿Dónde?
—En Maracaibo.
—¿Cuándo?
—El dÃa anterior a su suplicio.
Esta vez fue el conde quien se puso intensamente pálido, en tanto que un relámpago de ira le iluminaba los ojos.
—¿SabÃan que ahorcaban a un noble? —preguntó con voz sorda, apretando los dientes.