El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Creo que sÃ.
—¿Quién pronunció la sentencia de muerte de mi padre y de todos los marineros que se salvaron del naufragio?
—No lo sé.
—Es inútil que tratéis de engañarme —exclamó el señor de Ventimiglia, poniéndose en pie—. Fue el marqués de Montelimar.
—¿Por qué me lo preguntáis entonces?
—Porque deseaba adquirir completa seguridad.
El conde avanzó algunos pasos; luego, deteniéndose bruscamente ante el secretario del marqués de Montelimar, le dijo:
—Mi padre y mis dos tÃos, el corsario Negro y el Verde, habÃan venido a América para vengar a un hermano mayor, muerto a traición por el duque de Wan Guld y no para robar y saquear como los filibusteros de la Tortuga.
—Ya lo sabÃa por vuestro embajador acreditado en la corte del duque de Saboya —contestó el señor de Robles.
El conde hizo un ademán con la diestra, como para alejar algún lejano recuerdo; luego dijo: