El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —¡Diantre! Corréis muy apresurado en busca de la muerte.
—Por lo visto os habéis olvidado de una cosa.
—¿Cuál?
—Que el catorce ha vencido al trece.
—¿Tratáis de asustarme?
—No por cierto; me han asegurado que sois valiente.
—Abreviemos, conde.
—¿Qué deseáis?
—Daros una buena estocada —contestó el capitán con ronco acento—. Cuando un rival se me atraviesa en el camino, o me hace sombra, lo envÃo a descansar en el cementerio de Santo Domingo.
—Sois terrible.
—Lo probaré en seguida; no escaparéis.
—¿Qué decÃs, capitán? ¿Huir yo ante vuestra espada? Soy caballero y militar, mi querido fanfarrón.
—¡Mil rayos! ¡Me estáis insultando! —gritó el conde de Santiago.
—Y vos a mÃ.
—¡Os mataré al primer asalto!
—O al vigésimo.
—¿Os burláis?
—Eso parece —respondió el hijo del Corsario Rojo, desnudando la espada y poniéndose rápidamente en guardia.