El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Llámanse los tigres de América y pueden rivalizar con los tigres reales de la India, aunque no son tan corpulentos. Poseen, sin embargo, tal fuerza, que arrastran sin dificultad a un toro.
El gascón, un tanto impresionado por los maullidos de la fiera, se detuvo.
—¿Qué hacemos? —preguntó Mendoza, que se reÃa entre dientes—. ¿No es un gato, gascón?
—Me parece que resopla algo más fuerte —contestó el aventurero.
—¡Dadle un puntapié!…
—¡Eh, diantre!… Se me figura que es un tanto difÃcil.
—Disparadle un pistoletazo.
—O atravesadlo con la espada.
—Espero a que me ataque.
Aguardó con la pistola en una mano y la espada en la otra.
El animal seguÃa resoplando y rugiendo sordamente, sin moverse.
Barrejo entonces, avanzó algunos pasos, gritando:
—¡Eh, animalucho, acércate!…
El jaguar se replegó, dispuesto a saltar.
Mendoza colocóse al lado del gascón, temiendo que le ocurriese alguna grave desgracia, en tanto que el flamenco empuñaba la pistola.