El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Superior —contestó el gascón. Ya os haremos probar cierto Alicante que hemos descubierto; mejor no se bebe ni en España.
—¿Cuándo?
—Cuando tomemos la ciudad por asalto —replicó Barrejo.
—¿Es cierto eso, camarada? —preguntó el filibustero a Mendoza.
—Ya lo veréis —se limitó a contestar el vizcaÃno, alejándose rápidamente en busca del conde de Ventimiglia.
Al atravesar el campamento observó que los filibusteros eran numerosÃsimos. Grupos de hombres que hasta entonces no habÃa visto, charlaban o fumaban alrededor de las hogueras, teniendo los arcabuces entre las piernas.
—El señor conde ha recibido auxilios —murmuró—. Tomar a Pueblo Viejo resultará para nosotros un juego.
La tienda del conde levantábase en mitad del campamento.
Mendoza entró sin vacilar, diciendo:
—Aquà estoy, mi capitán.