El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —SÃ, señor de Lussan —contestó el hijo del Corsario Rojo—. Se trata de tomar por asalto a Pueblo Viejo.
—Y lo tomaremos —contestó tranquilamente el filibustero—. Mi gente empezaba ya a aburrirse.
—Apagad las hogueras y en marcha, sin perder tiempo. Mi propósito es sorprender al marqués en su palacio.
Diez minutos después los filibusteros abandonaban al campamento y se internaban en la espesura de la selva, precedidos por Mendoza, el gascón y el flamenco.
El conde de Ventimiglia marchaba inmediatamente detrás de los tres aventureros, con Raveneau de Lussan.
La tropa llegó felizmente a la orilla del Chagres y a las dos de la mañana puso el pie en el valle donde habÃa tenido lugar el encuentro entre los aventureros y los soldados españoles.
Temiendo una sorpresa, el conde mandó que se destacase una numerosa vanguardia. Si los enemigos se hubiesen encontrado todavÃa allÃ, de seguro que, ocupando las dos faldas del valle, habrÃan dado mucho que hacer a los filibusteros.
Afortunadamente, después de derrotar a los indios, regresaron a Pueblo Viejo, sin sospechar siquiera la proximidad de tan gran número de adversarios.