El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —¿Quién le acompaña? Hablad si queréis salvar la piel. Ya sabéis que los filibusteros no son muy generosos.
—Una escolta de ocho hombres.
—¿Y una joven?
—SÃ, señor.
—Una mestiza, ¿no es cierto?
—¿Cómo lo sabéis?
—Contestad y no interroguéis —repuso el señor de Ventimiglia, con acento amenazador.
—SÃ, una mestiza —respondió el soldado.
—¿Qué lugar ocupaba esa mestiza en la casa del gobernador?
—Era tratada como de la familia de Su Excelencia.
—¿Cuántos años podrá tener?
—Quince o dieciséis.
El conde hizo mentalmente un cálculo rápido.
Luego, alzando la voz, prosiguió:
—No puede ser más que ella —murmuró.
—¿Está muy fortificada Nueva Granada?
—Eso cuentan.
—¿No habéis estado all�
—Nunca, señor.
El hijo del Corsario Rojo hizo un gesto de despecho.