El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Una voz se dejó oÃr tras la fila de toneles de la derecha, gritando:
—¿Quién se atreve a llamarme bribón?
—¡Tonnerre!… ¡El tabernero!…
—¡Ah, tunante! —chilló el dueño de la taberna—. ¡Me voy a beber tu sangre!
—¡Camaradas, fuera las pistolas! —ordenó el gascón.
El tabernero, salió de su escondrijo, blandiendo amenazadoramente un asador, y tras él aparecieron, uno a uno, los cuatro pinches, armados de la misma manera.
—¿Otra vez aquÃ, bribón? —gritó el dueño, furioso.
—Adonde se bebe buen vino, se vuelve siempre —dijo el gascón amenazándole con la espada y la pistola.
—Ya habÃa yo imaginado que debÃais ser filibusteros —dijo el tabernero, que no se atrevÃa a dar un paso al ver que le apuntaban tres bocas de fuego.
—Hemos venido además para advertiros que la ciudad ha caÃdo en nuestras manos y que toda resistencia es inútil. Somos más de mil.
—¿Y qué queréis de m�
—Catar de nuevo vuestro Alicante y vuestro Jerez.
—¡Mis vinos!