El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —De todos —contestó el vizcaÃno.
—¿Y vos, Don Hércules?
—También —afirmó el flamenco.
—¿Cuáles son?
Los dos aventureros, después de maduro examen, indicaron dos recipientes enormes que contenÃan, el uno Jerez y el otro Málaga añejo.
El gascón empuñó dos pistolas y dijo con gran seriedad:
—Yo, en clase de Presidente del Consejo de Guerra, decreto la muerte de estos dos toneles.
Y, diciendo esto, disparó las pistolas sobre las barricas atravesándolas.
En el acto surgieron dos chorros de vino, que corrieron por el pavimento.
El tabernero lanzó un grito como si le hubiesen herido en mitad del corazón y dio un salto con intención de arrojarse sobre aquellos tres demonios desencadenados. Pero en el acto el gascón puso un pie sobre los asadores y extendió su terrible acero, gritando:
—¡Alto, buen hombre! Esta espada tiene siempre sed de sangre humana y bebe cuando encuentra ocasión.
—¡Miserables, bebéis hasta hartaros de mis toneles y además derramáis el contenido de los mejores!…