El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Como queda dicho, al saber que el jefe de los filibusteros que habÃa desembarcado en San Juan era el hijo del Corsario Rojo, salió en el acto a su encuentro, diciéndole:
—Os esperábamos, señor conde. Todos los viejos filibusteros han combatido a las órdenes de los tres corsarios que asestaron, sea por una venganza privada, o por la causa que fuese, un golpe terrible a la soberanÃa española en el Golfo de México. He aquà mi mano y he aquà mis hombres dispuestos a seguiros donde queráis.
—Es precisamente lo que necesito —contestó el corsario—. He venido aquà para proponeros una empresa terrible.
—Ya sabéis, señor conde, que no hay empresa que asuste a los Hermanos de la Costa, como nos han llamado durante tantos lustros. ¿Qué queréis de nosotros?
—La conquista de Nueva Granada —repuso el señor de Ventimiglia.
—¡Diantre! —exclamó Grogner—. Es lo mismo que pedir la cabeza del gobernador de Panamá o la toma de México o de Cuzco. Nueva Granada es una de las ciudades mejor fortificadas de Nicaragua, señor conde.
—¿SentÃs miedo? La tomaremos el señor de Lussan y yo.
—¡Mil rayos! No corráis tanto, señor conde. Allà hay tesoros inmensos que coger…