El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Y que estoy dispuesto a renunciar en beneficio de vuestros hombres y de los que manda Raveneau de Lussan.
—Se sabe que los tres famosos corsarios eran riquÃsimos —replicó Grogner—. ¿Qué exigÃs por vuestra parte?
—Un hombre.
—¿Un prisionero? —preguntó estupefacto Grogner.
—Nada más.
—¡Qué diablo!… Un hombre que vale mucho, sin duda.
—El marqués de Montelimar.
—¿El gobernador de Pueblo Viejo?
—Precisamente.
—¿Se os ha escapado? Me han dicho que habéis tomado por asalto aquella ciudad, señor conde.
—Tuve la desgracia de llegar demasiado tarde.
—¿De cuántos hombres disponéis?
—De ciento cincuenta, contando con los de Raveneau de Lussan.