El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Muy bien hablado —dijo el flamenco—. Beberemos vino de Panamá…
Los dos buques corsarios maniobraban con rapidez extraordinaria, respondiendo vigorosamente con su artillerÃa. SufrÃan graves daños con aquel continuo cañoneo, pero no desesperaban de dar al enemigo una dura lección.
La fragata, que precedÃa algunas brazas a los dos barcos auxiliares, arrojóse de improviso entre los buques corsarios, alternando los disparos de metralla con los de bala rasa.
Era aquel el momento aguardado por los cuatro jefes filibusteros para intentar un ataque desesperado.
Los dos veleros, en pocos instantes, cayeron sobre el buque enemigo, y, según costumbre, arrojaron sobre los puentes un número tan enorme de granadas, que en breves segundo pusieron fuera de combate a la mayor parte de los arcabuceros y alabarderos; en seguida, aprovechando la confusión producida por las explosiones, se lanzaron resueltamente al abordaje, con griterÃo ensordecedor.
El conde de Ventimiglia y Raveneau de Lussan, en unión de los tres aventureros, fueron los primeros en subir a la fragata.
Empeñóse un combate homérico.