El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Con un ataque repentino, apoderáronse del barco mayor, a pesar de la encarnizada resistencia de la tripulación, compuesta de setenta hombres, de los cuales solo diecinueve escaparon a la muerte; el otro barco, viéndose perdido, desplegó todas las velas y trató de ganar la costa; pero chocó con un arrecife y se partió por mitad, perdiendo la mayor parte de su gente.
La estrella que protegía a aquellos formidables corredores de los mares, no se habían eclipsado aún.
Apenas lograron desembarazar a la fragata de los muertos que la cubrían, y reparar los daños causados en sus buques por la artillería enemiga, cuando otros dos barcos tripulados por españoles, aparecieron en el horizonte.
Los filibusteros, inquietos, interrogaron a los supervivientes de la fragata, y con amenazas de muerte consiguieron averiguar que aquellos barcos habían recibido la orden de acudir lo más pronto posible en auxilio de la flotilla.
Aunque agotados por tantas horas de combate, los corsarios no se desanimaron. Comprendiendo que en Panamá se ignoraba aún la derrota sufrida, embarcaron en la fragata, y en la otra navecilla capturada, izaron el pabellón español y se dirigieron en busca de los otros enemigos, que confiadamente los dejaron que se acercaran, suponiéndolos compañeros.