El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —¿Sabéis que el marqués de Montelimar ha sido hecho prisionero por los corsarios del PacÃfico?
—¿Qué decÃs? —gritó el consejero, palideciendo.
—Que lo han cogido prisionero en Nueva Granada.
—¿Ha sido tomada por asalto la ciudad?
—Después de seis horas de combate.
—¿A pesar de sus robustas fortificaciones?
—Ya sabéis que nada resiste a los filibusteros.
—SÃ, son en realidad hijos del infierno —dijo el consejero, con cólera.
—Otro tanto creo, señor de Zabala.
—¿Y ahora?
—He venido a advertiros para que pongáis en lugar seguro a la nieta del gran cacique del Darién.
—¿Por orden de quién?
—Del marqués, señor de Zabala —replicó el conde.
—¿Habéis visto a mi desgraciado amigo? —preguntó el consejero, presa de vivÃsima emoción.
—Me he separado de él hace veinticuatro horas…
—¿Dónde?
—En la isla Taroga.
—¿CaÃsteis vos también entre las garras de esos ladrones?
—SÃ, señor consejero.