El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Ya ha partido a galope el mensajero; entre tanto cenaremos, porque imagino que tendréis hambre, mi querido amigo.
—Desde anoche no he probado alimento —contestó el marqués.
Pasaron a un saloncito próximo, amueblado con mucho gusto; la mesa estaba servida con riquÃsima vajilla de plata finamente cincelada.
Cuando llegaban a los postres, entró un esclavo negro, que dijo al consejero:
—Señor, ahà está el Valiente.
—¿Dónde lo has encontrado?
—En una taberna próxima a la casucha que habita.
—Que pase en seguida.
El negro salió, y un momento después, el Valiente encontrábase en presencia del marqués y del consejero de la Real Audiencia.
Era el tipo perfecto del aventurero y del espadachÃn: alto, grueso, fuerte como un toro, cabellos rubios, barba rojiza, nariz semejante al pico de un loro y ojos grises que despedÃan reflejos metálicos.
En el cinto llevaba espada francesa, larga y sutil, y un puñal.