El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Refrenó la marcha; luego, cuando llegó al borde de la grieta, recogió las bridas y encogió las piernas, gritando:
—¡Ay, caballito mÃo!…
El animal se levantó sobre el cuarto trasero, lanzó un sonoro relincho y dio un salto verdaderamente prodigioso.
HabÃa salvado la hendidura.
El gascón acarició al noble bruto echó pie a tierra y lo condujo tras un grupo de árboles que crecÃan algunos metros más allá; en seguida descolgó el arcabuz de la silla y del arzón las dos pistolas, diciendo:
—¡Ahora veremos!…
Los seis jinetes, rojos de cólera, bajaban también a escape la colina, espada en mano, dispuestos a saltar la hendidura lo mismo que el fugitivo.
Barrejo echóse al suelo, y oculto tras un matorral, montó el arcabuz.
Un jinete que precedÃa a sus compañeros, al llegar ante el obstáculo lanzó un grito.
Barrejo habÃa hecho fuego a veinte pasos de distancia.
La detonación fue seguida de un relincho y de un grito de angustia.
Caballo y caballero cayeron en la sima y ambos quedaron muertos.