El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo —Por ahora me dejarán tranquilo —se dijo—. Si se arrepienten y quieren perseguirme otra vez, llegarán demasiado tarde. Vamos a buscar cuanto antes a Grogner y Raveneau de Lussan. Les tentará la conquista de Guayaquil; además, se trata de salvar al hijo del Corsario Rojo, y todos los filibusteros tomarán las armas. Marqués de Montelimar, aún no has vencido, ¡cuernos del diablo!
Forzó a su cabalgadura a que avivase el paso y después de cargar las armas de fuego, encendió un cigarro, el último que le quedaba, seguro de que nadie le molestarÃa.
El sol iba a desaparecer cuando el fugitivo entraba en Panamá y se dirigÃa a la posada de la linda castellana.
Aquella tarde habÃa gran concurrencia en la taberna, barqueros y cargadores, en su mayorÃa.
Barrejo hizo una seña a la hostelera y fue a sentarse en un gabinetito que estaba vacÃo.
La dueña, después de servir a algunos aventureros, corrió en busca del gascón, llevándole dos botellas.
—¿Qué os trae por aqu� —preguntó la linda viuda sin ocultar su asombro—. ¿Dónde están vuestros compañeros?