El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo De la parte del mar soplaba fuerte viento y a lo lejos resonaba el trueno. Sin embargo, no habÃa otros indicios de temporal, aunque esto no es cosa rara en aquellos ardientes climas.
El pescador se detuvo a la entrada del puerto, diciendo:
—Ahà tenéis la chalupa, caballero. Está completamente armada.
El aventurero le puso en las manos algunas monedas, saltó a la embarcación, izó la vela y despidióse del pescador.
Al salir de Panamá no habÃa que temer molestia alguna de las carabelas encargadas del servicio de vigilancia.
Eran los barcos que llegaban desde el exterior los que podÃan detenerlo, ya que siempre temÃan una irrupción repentina de filibusteros que desde hacÃa tiempo amenazaban.
El gascón no era un mal marinero, ya que habÃa nacido en las orillas del Mar de Vizcaya, izó la vela a favor del viento, ató la escota y se sentó al timón, enfilando hacia la isla de Taroga, a la cual confiaba llegar antes del alba.
A pesar de que soplaba un viento fresco el océano, afortunadamente, se mantuvo tranquilo.