El hijo del Corsario Rojo

El hijo del Corsario Rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Y nosotros los esperaremos, mi querido Mendoza. ¿Tienes empeño en acabar tus días en medio de estas tejas? Yo no siento el menor deseo. Martín, arranca esos travesaños.

—En seguida, capitán —contestó el robusto mulato—. No será tarea larga ni difícil.

Cogió con ambas manos el madero central, apoyó las rodillas en el muro y tiró con violencia.

Fue un verdadero milagro que no rodase por el tejado al mismo tiempo que el travesaño. Afortunadamente, Mendoza estaba detrás y en el acto lo sujetó.

—¿Queréis dar un brinco a la calle, camarada? —le preguntó—. Tienes muy mal gusto, amigo.

—¡Silencio! —ordenó el conde, que había metido la cabeza en la bohardilla.

—¿Habéis visto brujas, señor conde?

—Me parece que alguien ronca —contestó el corsario en voz baja.

—¡Ah, diablo! —refunfuñó Mendoza, rascándose la cabeza—. El asunto comienza a ponerse feo.

—Seguidme.

—No capitán, dejadme pasar a mí primero.

Era demasiado tarde. El corsario había ya penetrado en un cuartito casi oscuro, amueblado miserablemente, porque no se veía más que una cama, una mesita desvencijada y dos sillas, sobre las cuales había una coraza y un uniforme.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker