El hombre de fuego
El hombre de fuego —Ha sido un rugido; ¿no es verdad?
—SÃ, GarcÃa.
—¿Y ha sonado en el fondo del pantano?
—Positivamente, no ha sido en la superficie.
—¿Qué animal será?
—Quizá algún pez de nuevo género.
—Pues tiene que ser bien grande.
—Pequeño, seguramente no es.
—¿Quién sabe si será alguna enorme serpiente?
—Lo he sospechado.
—¿No será algún caimán?
—HabrÃa salido a respirar, y no lo he visto.
En aquel momento experimentó el muchacho una sacudida tan violenta, que faltó poco para que cayese al agua.
Algún enorme pez debió de tragarse el anzuelo y dar aquel tirón fortÃsimo al huir.
Alvaro apenas tuvo tiempo para sujetar al muchacho.
—¡Deja correr el hilo! —le dijo.
El cordel y la caña desaparecieron de repente bajo el agua, al mismo tiempo que una verdadera tromba de agua y de fango salÃa de la laguna y se derramaba cerca de los náufragos, y se oÃa un rugido terrible, todavÃa más formidable que el de antes.