El hombre de fuego
El hombre de fuego —¿Habrá muerto el tigre, señor? —preguntó GarcÃa, que estaba bastante pálido.
—Me lo figuro y como la serpiente no debe de encontrarse nada bien, aun suponiendo que haya logrado ahogar a su adversario, debemos aprovechar el momento para atravesar el rÃo.
—¿Y si hubiese otros animales de esa clase?
—HabrÃan acudido a tomar parte en la lucha.
—¡Ah! ¿Qué habrá sido de la mona?
—Ha tomado tierra, y se habrá refugiado en la selva.
—¡Apresurémonos, ya que la boa está entretenida devorando al carnÃvoro o muriéndose!
Cortaron apresuradamente algunos bambú, los juntaron por el medio, amarrándolos con bejucos, y media hora después estaban en la orilla opuesta del rÃo, desembarcando en el mismo lugar donde la mona se habÃa puesto en salvo.