El hombre de fuego
El hombre de fuego —Lo probaréis, y me daréis después vuestra opinión. Es un bocado de rey, señor, por más que tenga el sabor un poquito ácido, a causa de las sustancias de que se alimenta.
—¿Y qué come? No serÃa capaz de adivinarlo, porque no entiendo qué puede comer un animal sin boca.
—No la necesita: le basta con la lengua.
—¿Se mantendrá lamiendo las plantas? —preguntó GarcÃa.
—Come tanto como nosotros. Pronto lo veréis.
—¿No le tiráis? —preguntó Alvaro.
—No, porque va a proporcionarnos una fritura soberbia.
—¿Cómo?
—SÃ, de hormigas.
—¡Puah!
—¡Poco a poco, señor Viana! Veremos si hacéis ascos al plato que voy a presentaros de hormigas térmitas fritas en grasa de tamandúa. ¡Os chuparéis los dedos! Ahora, silencio y sigámosle.