El hombre de fuego

El hombre de fuego

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al contrario, cada vez que veían descender el cañón y tomar la posición horizontal se apresuraban a esconderse en los carbets, donde las mujeres y los chiquillos de la tribu chillaban hasta desgañitarse, como si aquella terrible arma de fuego fuera capaz de destruir de un solo golpe la aldea entera.

Algún guerrero más temerario que los otros se arriesgaba a lanzar alguna que otra flecha, que si por rareza llegaba al techo, no podía hacer daño alguno a los sitiados, y huía después como una gallina ante el temor de que el hombre de fuego fulminase contra él sus rayos, y se refugiaba en los carbets sin atreverse a volver a salir de su recinto.

Aquel asedio pacífico comenzaba a inquietar a Alvaro, que hubiera preferido un ataque abierto para juzgar del efecto que en aquellos hombres supersticiosos producían los tiros de su arcabuz.

Tampoco quería ser él el primero en romper las hostilidades, por no exasperar a aquellos formidables antropófagos.

—¡Voy cansándome! —dijo a García, que se había echado cerca de él para no exponerse a las flechas de los salvajes—. ¿Cuándo acabará este bloqueo?

—Tengo una sospecha, señor —dijo el grumete.

—¿Cuál?

—Que estos salvajes esperan a que vuelvan sus compañeros para darnos el asalto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker