El hombre de fuego
El hombre de fuego Alvaro echó una mirada de desesperación en torno suyo.
—¡Se acabó! —dijo lanzando un rugido—. ¡Bueno! ¡Pues será! ¡Moriremos con las armas en la mano!
Apartó algunas de las vasijas con que habÃa obstruido la puerta y se precipitó en la plaza, gritando a GarcÃa:
—¡Carguemos a fondo! ¡Mostremos a esos antropófagos cómo mueren los hombres de piel blanca!