El hombre de fuego

El hombre de fuego

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Era una bandada de ranas completamente negras, con las patas posteriores larguísimas, que dando brincos tremendos habían invadido el claro del bosque en que se hallaban nuestros náufragos. Constituyen una especie de ranas tan ágiles, que a veces penetran en las casas por las ventanas.

Dando saltos desordenados y tan altos como las ramas de la rummameira, la banda desapareció en las profundidades de la selva después de atravesar el claro donde estaban nuestros amigos.

—Por aquí cerca debe de haber alguna laguna —dijo Alvaro—. Mañana la buscaremos, y haremos por pescar algo. He traído anzuelo, y como pescador, no soy del todo malo.

Se dirigió hacia la planta en que antes había reparado, cuyas ramas se doblaban bajo el peso de ciertas frutas de color verde, semejantes a pinas. No había elegido mal, pues se trataba de una pina, planta preciosísima y muy estimada por los indios, que da en gran abundancia frutas exquisitas, quizá las mejores de las regiones ecuatoriales.

Estas frutas contienen en su interior una especie de crema blanquecina, delicadísima y que nada tiene que envidiar a la del durión de la Malasia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker