El hombre de fuego

El hombre de fuego

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Dormir? ¡Ni pensarlo!

Apenas había cerrado los ojos el muchacho, cuando una orquesta infernal puso en conmoción la inmensa selva.

Como obedeciendo a una consigna, miles y miles de ranas se pusieron a cantar a coro, haciendo un ruido espantoso, capaz de despertar a un muerto.

De estos anfibios hay millones y millones en las húmedas selvas americanas. Hay muchas especies de ellas, y no todas se limitan a su acostumbrado canto, pues las hay que mugen como bueyes, otras que ladran como perros, otras que martillean como si tuvieran a su disposición miles de calderas, y otras que viven en los árboles, silban como locomotoras, o dan chirridos como ruedas de carretas mal engrasadas.

Ya puede imaginarse el infernal ruido que harían todos aquellos bichos: los tímpanos más recios hubieran sido incapaces de soportarlo.

—¡Señor! —exclamó García espantado—. ¿Qué pasa? ¡Esto es el fin del mundo!

—¡No te asustes; son ranas! —dijo Alvaro.

—¡Se diría que son perros, búfalos, caldereros y borrachos cantando a coro!

—También tendremos que habituarnos a este concierto, si queremos dormir.

—Espero que no estaremos mucho tiempo en esta tierra y que encontraremos alguna manera de salir de ella.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker