El León de Damasco
El León de Damasco —Solamente tiene tres años.
—SÃ. Pero el bajá, en ocasiones, como entretenimiento, hace desollar vivas a las criaturas cristianas que caen en sus manos.
—¡Silencio!… Acompáñame.
Descendieron por una larga escalera, practicada en la roca viva, y tan angosta que una reducida hueste de hombres serÃa suficiente para defenderse incluso contra un pequeño ejército.
En las terrazas superiores numerosos guerreros y mujeres avizoraban el horizonte, pero no hubo nadie que se atreviera a gritar, indicando la nave del bajá de Damasco: sentÃan excesivo temor hacia Haradja.
Luego de haber bajado ciento sesenta escalones, el capitán y la muchacha se encontraron en la orilla de una caleta, en mitad de la cual se mecÃa rÃtmicamente una soberbia galera de casi cuatrocientas toneladas de color rojo y con un gran mascarón de proa en reluciente latón.