El León de Damasco
El León de Damasco —Capitán, ordenad bajar el puente levadizo. Mi esposa va a dar una lección a esa secuestradora de niños.
—¡Tened cuidado con las traiciones, mis jóvenes amigos! —advirtió el capitán general—. Sé de vuestro valor y destreza y no temo por vos en una pelea noble; más si hay traición…
—No pasaremos del reducto de los Alberoni —repuso la duquesa—. Estaremos siempre bajo la protección de vuestras culebrinas.
—¡Y de nuestras espadas! —exclamaron cuantos capitanes estaban presentes.
Pasaron diez minutos de gran ansiedad. Los bastiones y las terrazas se cubrieron de guerreros deseosos de presenciar la victoria del capitán Tormenta, puesto que, rememorando sus hazañas de Famagusta, ninguno tenÃa la menor duda de que saldrÃa vencedor de la turca.