El León de Damasco

El León de Damasco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cruzaron la segunda trinchera, también en muy malas condiciones y casi derrumbada y tropezaron con una escalera, que sin duda conducía hasta las habitaciones del reducto. En aquel instante dispararon desde el bastión de Malamocco un cañonazo. Aquella era la señal de retirada. Algo grave debía ocurrir.

—Hemos perdido la partida —exclamó enojado el León—. Si emprendemos la fuga, nos cogerán entre dos fuegos, y me extraña ría que pudiéramos volver con vida a Candía.

—Aguarda, señor.

—Continúa el cañoneo…

—¡Bah! Los proyectiles tampoco ven de noche. Fíjate: allí hay una casamata, algo destruida por las culebrinas, pero que posee la ventaja de no tener moradores.

—¿Estás seguro?

—Me cercioraré con la mecha del arcabuz.

El bombardeo se había reanudado efectivamente. Al igual que antes, los venecianos disparaban contra el reducto y la explanada, en tanto que los turcos, para impedir que llegara hasta allí alguno de sus proyectiles, empleaban las bombardas.

Mico sopló la mecha y pudo cerciorarse de que, en efecto, no había nadie.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker