El León de Damasco
El León de Damasco —¿Aceptará?
—No le queda otro recurso. El reducto es inexpugnable, defendido por nuestras culebrinas, y, sin recibir ayuda, antes o después habrán de entregarse. Id, por tanto, a descansar tranquila, amiga mÃa, que por esta noche nada de importancia creo que acontezca. Mañana solicitaremos de los turcos una tregua para que se realice la segunda partida del desafÃo.
En aquel instante Muley regresaba y el conde agregó:
—Por lo que a vos respecta, mi bravo amigo, os aconsejo con gran interés que combatáis ante el bastión. No vayamos a tener nuevas traiciones.
Fue con ellos hasta el pie de la escalera y luego volvió junto a sus artilleros; serÃa siempre uno de los mejores capitanes venecianos. El fuego ya era mucho menos intenso. Las culebrinas disparaban solamente de vez en cuando, como para notificar a los turcos que en CandÃa aún se disponÃa de pólvora y se hallaban decididos a darles otra lección si pretendÃan de nuevo un movimiento para salvar a los que se encontraban encerrados en el reducto.