El León de Damasco
El León de Damasco —A la ensenada. ¡Cualquiera sabe! Con Sebastián Veniero puede esperarse todo incluso la captura de la nave almirante turca. De esta forma podrÃamos salvar a nuestro Enzo. ¿Te parece bien, Leonor? Nikola, que conoce el lugar donde están ancladas las naves y que posee amigos en la compañÃa, irá conmigo, y Mico también me acompañará.
Los grandes ojos negros de la duquesa brillaron con viveza.
—¿Deseas intentar tan arriesgada aventura? —indago con voz emocionada.
—SerÃa capaz de intentar cualquier cosa por librar de las codiciosas y sanguinarias zarpas de Haradja a nuestro hijo y a mi padre.
—En él precisamente estaba pensando, y calculaba que si Veniero, con tan pocas naves, no desea enfrentarse a la poderosa flota del bajá, sà puede, en cambio, asaltar y destruir la guardia de esa tigresa, ya que las fieras se encuentran aquÃ, a distancia de Hussif. ¿Que opináis, conde?