El León de Damasco
El León de Damasco —He cortado la cuerda que mantenía el contrapeso, y la piedra ha caído al fondo de la torre. Estemos preparados.
—Apaguemos la luz y vayamos a explorar las proximidades de la granja.
Los seis hombres esperaron a que una completa oscuridad invadiera la habitación, soplaron las mechas de sus arcabuces y salieron, en tanto que los mastines, intuyendo algo grave, gruñían sordamente e intentaban desesperadamente librarse de las cadenas que los retenían.