El León de Damasco
El León de Damasco No obstante, era más hombre de acción que de palabra y anhelaba principalmente combatir a los turcos, a quienes había jurado odio implacable. El poderío mahometano alcanzó su máximo esplendor hacia mediados del siglo XVI y no respetaba ya tratados ni convenciones. «¡Siempre adelante con nuestras cimitarras y nuestras galeras!», era el grito de guerra que surgía de infinidad de pechos fanáticos, siempre prestos a morir por Mahoma.
Aunque espantada, Europa no hacía nada por terminar con el desmedido orgullo de los bárbaros orientales, que, sin embargo, habría de disiparse a no tardar en Lepanto.
Solo Venecia poseía colonias y muchos intereses en el Este, muy pocos los genoveses y los españoles.
A fines de 1569 llegó a Constantinopla, agrandada hasta la exageración, la noticia de haberse incendiado el arsenal de Venecia y quedado su escuadra destruida. Era sultán en aquel tiempo Selim II, gran aficionado al vino de Chipre, y que no estaba dotado de ninguna de las grandes cualidades de Mohamed II.
Imaginando que el fuego había extinguido el poder naval de la Reina del Adriático, declaró de una forma inopinada la guerra a aquella república y envió contra Chipre trescientas galeras con cien mil hombres de desembarco.